Es necesario aclarar que el niño sordo es un niño como todos los demás, no presentan una psicología especifica por el simple hecho de no escuchar, estos niños presentan ciertas características que se derivan de la falta del lenguaje. Es importante también mencionar que el niño sordo puede tener un comportamiento psicológico normal. En le mismo grado en el que el oyente tiene patologías, el niño sordo también las puede tener.
Desde que un niño recibe sensaciones de afecto por las personas que están a su alrededor, es decir, los padres y adultos proporcionan al niño cuidados en cuanto a alimentación, arrullos y caricia. Muchas de estas sensaciones se perciben a través del oído, la más importante la voz de la madre, cuyas expresiones de cariño aunque el bebe no comprende en pocos meses le hacen sonreír, proporcionando sensaciones de compañía y defensa, garantizando su estabilidad emocional.
“Nosotros, todos los seres humanos, aprendemos a hablar por imitaciones de lo que oímos. El niño sordo no oye nada, por eso no puede imitar nada, el niño sordo, balbucea y da gritos propios del bebe, emitidos de forma instintiva”[1].
El niño sordo no percibe nada de este mundo sonoro y así únicamente se sentirá acompañado cuando puede ver con sus ojos y tocar con sus manos, es decir, se srve de sus otros sentidos y consigue que su incomunicación no sea total.
Piera Aulagnier, (1898) sostiene que la actividad vital se Manifiesta desde el primer momento, un poder de sensibilidad de la zona auditiva y aunque fueran sonidos carentes de sentido, serán fuentes de placer o de displacer.
Cada niño tiene su propia personalidad, cualidades, dones y aspectos menos brillantes de lo que le hace un ser único e irrepetible; los adultos que los rodean deben estar conscientes de que lo que pueden aportar para que su personalidad se vaya formando adecuadamente, sin caer en la sobreprotección. Es nefasto que el niño sea continuamente, ayudado y manipulado por los adultos; esto ahoga su dinamismo personal y entorpece la organización de posteriores experiencias personales.
El niño debe ser educado con el objeto de enfrentar la vida común y corriente, sin debilitar su carácter con exceso de consentimiento, favoritismo e irresponsabilidad, en casi todas las circunstancias es necesario hacer ver al niño que la misma atención y consideración que el recibe de otras personas son las que debe tener hacia los demás. Este detalle es de gran importancia en el niño sordo, pues previene su aislamiento social y le permite hallar la satisfacción que se deriva de una relación cordial con las personas que lo rodean.
El niño que presenta una sordera profunda se muestra psicológicamente mas sensible, expresando un cierto grado de inmadurez que puede ser superado posteriormente en el mismo momento en que acepte su condición.
El niño sordo tiende a culpar a los demás de sus errores, le falta a menudo profundidad de conciencia y capacidad de reconocer sus errores o capacidad de autocrítica para analizar sus dificultades de interacción que son la base de su conducta familiar o social.
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